La frase que más me repiten antes de un retiro no es «no tengo tiempo» ni «no tengo dinero». Es esta: «es que yo no soy una persona espiritual».

Bien. Yo tampoco lo era cuando empecé, y me sigue dando urticaria buena parte de lo que se vende con esa etiqueta.

Así que vamos a quitarnos el problema de encima desde el primer párrafo: a un retiro espiritual bien hecho no se va a creer. Se va a hacer. Y lo que se hace, se nota en el cuerpo el mismo día — creas lo que creas mientras entras por la puerta.

El malentendido: «espiritual» no significa «de fe»

La palabra arrastra siglos de connotación religiosa, y por eso a mucha gente le suena a que hay que comulgar con algo. No es eso.

En la práctica, un retiro es un día en el que apagas el ruido, te sientas con lo que llevas dentro y aprendes herramientas concretas para moverlo. Nadie te pide fe. Nadie te pide que aceptes una cosmología. Te piden que respires de una forma determinada, que pongas atención donde no sueles ponerla y que aguantes el rato incómodo del principio.

Si quieres el desglose completo, ya lo conté en su día: qué se hace exactamente en un retiro espiritual, sin adornos.

Lo que pasa en tu cuerpo no depende de tus creencias

Este es el punto que convence a los escépticos, que suelen ser mis alumnos preferidos.

Buena parte de lo que se trabaja en un retiro empieza por la respiración lenta. Y eso no es una metáfora: bajar de diez respiraciones por minuto cambia de forma medible la variabilidad de la frecuencia cardiaca, el tono del sistema nervioso autónomo y la actividad eléctrica cerebral. Hay una revisión sistemática publicada en Frontiers in Human Neuroscience que recoge esa evidencia con bastante honestidad, incluidos los debates abiertos.

Traducido: tu fisiología no te pregunta en qué crees. Obedece a lo que haces.

Por eso insisto tanto en que esto es práctico. Las Prácticas Energéticas Cuánticas (PEC) —el trabajo que imparto dentro del Método 5L— se llaman prácticas por algo. Son cosas que se hacen con el cuerpo, en un orden, y que se pueden repetir en tu casa el martes siguiente.

Cuatro dudas que frenan a casi todo el mundo

«¿Y si me pongo a llorar delante de doce desconocidos?»

Puede pasar. Pasa. Y no es el drama que te imaginas, porque el grupo está en lo suyo y porque nadie va a comentarlo después. Lo que sí te digo: en un grupo de doce eso se sostiene. En una sala de cuarenta personas, no. Esa es la razón real del aforo, y no otra.

«No sé meditar, me distraigo a los veinte segundos»

Perfecto, porque no vas a meditar en silencio cuatro horas. Se trabaja con guía, con voz, con movimiento y con pausas. La distracción no es un problema a resolver antes de venir: es el material con el que se trabaja.

«Voy a ser el único que no sabe nada»

El Nivel I está diseñado para gente que no ha hecho esto nunca. Es literalmente la puerta de entrada. Y por experiencia: en cada grupo hay al menos cuatro personas convencidas de que son las únicas novatas.

«¿Esto es compatible con mi religión / con mi escepticismo?»

Con las dos cosas. No se reza a nada ni se niega nada. Si eres creyente, no vas a encontrar aquí una doctrina que compita con la tuya. Si eres escéptico, vas a encontrar prácticas que puedes evaluar por su efecto, que es exactamente lo que debe hacer un escéptico.

Cómo saber si es para ti (y cuándo no lo es)

Probablemente sí, si: llevas tiempo entendiendo tus cosas sin que eso cambie nada; notas el cuerpo cargado sin causa médica; sales de ciertos sitios o ciertas personas agotado; o quieres herramientas y no otra charla motivacional.

Probablemente no, ahora mismo, si: estás atravesando una crisis psicológica aguda o un duelo muy reciente —ahí lo primero es acompañamiento profesional, y te lo diría igual aunque quisieras venir—; o si lo que buscas es que alguien te resuelva algo desde fuera. Esto no cura ni sustituye a un tratamiento. Es formación práctica.

Prefiero decirlo así de claro y perder una inscripción, que llenar una sala con expectativas equivocadas.

Una prueba de dos minutos, ahora, gratis

No hace falta esperar a nada para comprobar de qué te hablo.

Siéntate. Inspira contando cuatro. Espira contando seis — la espiración más larga que la inspiración, eso es lo importante. Repite durante dos minutos, sin música y sin móvil.

Al terminar, no te preguntes «¿me he relajado?». Pregúntate algo más concreto: ¿dónde noto ahora el cuerpo distinto que hace dos minutos? Hombros, mandíbula, estómago. Ahí. Eso que acabas de notar es la versión de andar por casa, en dos minutos y sin ayuda, de lo que en un día entero y guiado se vuelve otra cosa.

Si eso te ha hecho algo, ya tienes tu respuesta sobre si «eres espiritual» o no. No hacía falta creer en nada.

El 5 de septiembre, en Vic

El Nivel I de Prácticas Energéticas Cuánticas es un día presencial en Vic (Barcelona), el sábado 5 de septiembre, con un aforo máximo de 12 personas. Doce, no más: es lo que permite corregir una por una y que nadie se quede mirando desde el fondo.

La inversión es de 237 €, y se puede reservar plaza con una señal de 87 €. Quien sigue el camino tiene el Nivel II el 3 de octubre (250 €), pero eso se decide después de vivir el primero, no antes.

Si quieres ver dónde es, cómo se llega y por qué elegimos ese entorno, lo conté en cómo elegir un retiro espiritual en Barcelona y Cataluña y en la página de la formación energética presencial en Vic. Y si prefieres leer a quien ya vino antes que a mí, que es lo sensato, ahí están los testimonios de quienes han hecho las prácticas.

No te pido fe. Te pido un sábado.

Ver el retiro del 5 de septiembre en Vic

David Moreno — Fundador del Método 5L y de The Awakening Code · Mentor de líderes y directivos · Director de Ventas Internacional ex-Microsoft · Formador en comunicación e influencia de alto nivel.