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Hoy, mientras lees esto, doce sillas están puestas en círculo en una sala de Vic. Un retiro espiritual, visto desde fuera, no es más que eso: gente sentada en círculo. Todo lo demás pasa donde no se ve.

Y como hoy es el día, te lo cuento desde dentro en vez de venderte nada.

Lo primero que pasa no es espiritual: es incómodo

La gente llega con abrigo puesto y el móvil en la mano. Se sienta separada, deja un asiento de por medio, mira el suelo. Los primeros veinte minutos de cualquier retiro espiritual honesto son incómodos, y quien te diga lo contrario no ha estado en uno.

Esa incomodidad no es un fallo del diseño. Es la primera información del día: estás en una sala sin tu papel habitual. Sin cargo, sin currículum, sin la conversación de siempre. A casi nadie le gusta ese hueco, y por eso casi nadie lo visita.

La ronda: el momento que lo ordena todo

Se abre con una vuelta en la que cada uno dice en voz alta por qué está ahí. Sin tecnicismos y sin currículum espiritual. Una frase.

Es la parte que más subestima la gente y la que más trabajo hace. Cuando escuchas a otros once decir en voz alta lo mismo que tú llevas dos años pensando en silencio, algo se ordena solo. No porque nadie te dé una respuesta: porque dejas de creer que eres el único.

Luego se trabaja, y eso significa trabajar

Aquí es donde un retiro de entrenamiento se separa de uno de descanso. No se medita en grupo mirando al infinito. Se aprende una secuencia concreta, se repite, se corrige, se vuelve a repetir. De pie, con las manos, con el cuerpo.

La regla del programa es la misma desde el principio: si algo no se puede repetir en tu casa el martes, no entra. Por eso no hay incienso de atrezzo ni música de fondo. Cuando llegue el martes no vas a tener nada de eso, y la práctica tiene que funcionar igual.

Se sale con el cuerpo cansado. Es la señal de que se ha hecho algo, no de que algo ha ido mal.

Lo que no va a pasar

Por honestidad, que es lo único que me interesa vender:

  • Casi nadie ve luces ni colores. Pasa alguna vez y es la excepción. Si esa es tu vara de medir, vas a salir decepcionado de aquí y de cualquier sitio.
  • Aquí no se trata ninguna enfermedad. Esto es complementario y nunca sustitutivo de la medicina. Quien te prometa una curación, huye.
  • Casi nadie sale con «la respuesta» a su gran tema vital. Sale con una herramienta. La respuesta llega después, si llega, mientras repites.

Lo que sí se mueve: la coherencia

Buena parte del día no va de energía. Va de entender quién eres y qué capacidad tienes delante. Cuando eso encaja —cuando dejas de pelearte contigo mismo un rato— el sistema entra en lo que yo llamo coherencia: cabeza, emoción y cuerpo apuntando en la misma dirección.

Y en coherencia se sueltan cosas. Conflictos mentales y emocionales que llevaban años enquistados: un pensamiento que se repetía desde la infancia y que de pronto se ve por lo que es, una emoción que no se dejaba mirar, un enfado con alguien que ya ni está. Rencor viejo. Culpa heredada.

No lo digo como garantía y no le pasa a todo el mundo. Es un patrón que he visto muchas veces: cuando alguien entra en coherencia de verdad, lo que estaba atascado tiende a soltarse. A veces en una sola sesión.

Lo que no va a pasar es que eso te lo haga otro. Nadie te quita nada de encima. Se te enseña a entrar en ese estado y a volver a él el martes en tu cocina; el resto lo hace tu propio sistema.

La parte que decide si sirve: las 72 horas siguientes

Todo el mundo diseña el día del retiro y nadie diseña la vuelta. Ahí es donde se cae el 90% de lo aprendido, y no por falta de voluntad: es que vuelves con el sistema abierto y lo primero que te encuentra es la bandeja de entrada.

Cuatro minutos al día durante tres días, en tres momentos concretos: antes de entrar en casa, al levantarte antes del móvil, y antes de dormir. Está explicado entero en el protocolo de las 72 horas, es gratis y sirve para cualquier formación que hayas hecho, sea mía o de quien sea.

Si has llegado aquí y hoy no estás en esa sala

No pasa nada. El Nivel I de Prácticas Energéticas Cuánticas (PEC), dentro del Método 5L, se repite: es un día presencial en Vic (Barcelona) con un aforo máximo de 12 personas, y doce no es una cifra de marketing sino el número con el que puedo corregir a cada uno de cerca.

La inversión es de 237 €, con opción de reservar plaza mediante una señal de 87 €. Quien quiera continuar tiene el Nivel II el 3 de octubre (250 €), aunque eso se decide con el primer día ya en el cuerpo. Si vives lejos de Cataluña, la práctica también se imparte en Valencia con TAFAE como centro colaborador.

Para el contexto completo: qué se hace exactamente en un retiro espiritual, la agenda real hora a hora, qué pasa si no has hecho esto nunca, por qué es en Vic y no en una playa lejana, por qué el número del grupo lo cambia todo y lo que dicen quienes ya vinieron.

Hoy, en Vic, se abre la puerta a las nueve y media. Mañana esas doce personas estarán en su cocina, con la vida encendida al lado, viendo si lo que aprendieron se sostiene. Ahí es donde se sabe.

Ver el próximo retiro de Nivel I en Vic